La medicina del sueño ha emergido como un campo fundamental para comprender y abordar trastornos que inciden directamente en la salud cardiovascular, metabólica y mental.
La calidad del sueño no depende únicamente de su duración, sino también de su continuidad, regularidad y la satisfacción subjetiva del individuo. Estos factores desempeñan un papel crucial en la reducción del riesgo de diversas afecciones, como enfermedades cardiovasculares, hipertensión, diabetes, obesidad y trastornos mentales [1].
Diversos trastornos del sueño —entre ellos la apnea obstructiva del sueño, el insomnio y las alteraciones del ritmo circadiano— están estrechamente asociados con el desarrollo y la progresión de enfermedades crónicas.
Por ejemplo, la apnea del sueño se relaciona con un incremento de la presión arterial y de la inflamación sistémica, lo que eleva significativamente el riesgo cardiovascular. Asimismo, el sueño fragmentado interfiere con la regulación metabólica, favoreciendo la resistencia a la insulina y el desarrollo de diabetes tipo 2 [1, 2].
En el ámbito de la salud mental, la relación con el sueño es bidireccional.
Trastornos como la depresión, la ansiedad y la esquizofrenia se acompañan frecuentemente de alteraciones en la arquitectura del sueño y en los ritmos circadianos, las cuales pueden agravar el curso clínico y deteriorar la calidad de vida. Estudios demuestran que los pacientes con afecciones psiquiátricas presentan patrones de sueño más fragmentados y variables, lo que compromete su recuperación y respuesta al tratamiento [3, 4].
Los avances en el diagnóstico —mediante polisomnografía y tecnologías portátiles— han permitido una evaluación más precisa de los trastornos del sueño, facilitando intervenciones personalizadas.
Entre ellas se incluyen terapias cognitivo-conductuales para el insomnio, el uso de presión positiva continua en las vías respiratorias (CPAP) para la apnea obstructiva, y estrategias orientadas a la regularización del ritmo circadiano. Asimismo, es fundamental considerar factores sociales y conductuales —como el estrés crónico y la obesidad— que interactúan de forma compleja con el sueño y las enfermedades crónicas [3, 5].
En conjunto, un enfoque integral en medicina del sueño resulta esencial para la prevención y el manejo de enfermedades crónicas.
La promoción de hábitos saludables en relación con el sueño, junto con la implementación de tratamientos innovadores, constituye una estrategia clave para mejorar la salud cardiovascular, metabólica y mental de la población.
Referencias:
[1] Grandner, M. A. (2017). Sleep, health, and society. Sleep Medicine Clinics, 12(1), 1-22. https://doi.org/10.1016/j.jsmc.2016.10.012
[2] Winkelman, J. W. (2015). Clinical practice. Insomnia disorder. The New England Journal of Medicine, 373(15), 1437–1444. DOI: 10.1056/NEJMcp1412740
[3] Freeman, D., Sheaves, B., Waite, F., Harvey, A. G., & Harrison, P. J. (2020). Sleep disturbance and psychiatric disorders. The Lancet Psychiatry, 7(7), 628–637. DOI: 10.1016/S2215-0366(20)30136-X
[4] Wulff, K., Gatti, S., Wettstein, J. G., & Foster, R. G. (2010). Sleep and circadian rhythm disruption in psychiatric and neurodegenerative disease. Nature Reviews Neuroscience, 11(8), 589–599. https://doi.org/10.1038/nrn2868
[15 Grandner, M. A. (2017). Sleep and obesity risk in adults: Possible mechanisms, contextual factors, and implications for research, intervention, and policy. Sleep Health, 3(5), 393–400. https://doi.org/10.1016/j.sleh.2017.08.001